Documento sin título
      
 
HISTORIA DE LA PROVISIÓN DE AGUA POTABLE A LA CIUDAD DE SAN MIGUEL DE TUCUMÁN

Se detallan paso a paso los trámites, incidentes y penurias que acompañaron la construcción de las primeras acequias destinadas a asegurar la fundación y arraigo de la población en San Miguel de Tucumán

CRONOLOGÍA DE LOS SUCESOS DE ABASTECIMIENTO

Resulta que por muchos años solo existió una acequia en la parte baja de la ciudad, esto es entre el Boulevard Avellaneda (Av. Avellaneda) y la ribera derecha del río Salí, varias tentativas se hicieron para construir otra más arriba que llevara al mismo plano de la ciudad y que atravesándolo, evitara el acarreo del agua desde la acequia del bajo, facilitando la construcción de las casas y edificios públicos de la época.

Pero la empresa no era sencilla: La boca toma debía construirse a tres leguas de la ciudad próximamente, y la acequia recorrer un terreno muy accidentado, cubierto de bosques que ocupaban los indios mocovíes.

Iniciada la construcción tuvo que abandonarse, conservando siempre la acequia de abajo, alegrando la toma con frecuencia y limpiando el cauce continuamente.

En esa época, año de 1711, se discute ya la conveniencia de abandonar las aguas del río Salí y construir una acequia para traer las del río Lules, de reconocida superioridad a las de la acequia existente, por ser el agua muy saludable y buena y no salobre y dañosa como se experimenta en la acequia, y todo esto porque no trae cienuras ni resacas por correr por quebradas pedregosas.

No obstante los empeños hechos para recoger donativos y las gestiones de los comisionados que se enviaron para recorrer los diferentes partidos en que se dividía la provincia, nada práctico se hizo. Muy poco después, en 1713 y como seguía faltando el agua, se resuelve construir una acequia para traerla desde los Manantiales, se reúnen fondos, se toma providencia, se nombra el personal, pero nada positivo se hace.

Mientras tanto seguía prestando servicio la primera acequia del Bajo, hasta que en 1773, se resuelve buscar nueva ubicación para la boca toma que se fija en la Barranca Colorada: no obstante nada se hacen aún.

En 1817 recién celebra Tucumán un gran acontecimiento: Reunidos los ciudadanos individuos de la Municipalidad declararon haber visto correr copiosos raudales de agua dulce por las calles de esta ciudad, a expensas e industria del Sr. Gobernador Intendente de esta provincia Coronel Mayor Bernabé Aráoz de feliz memoria, conducida desde la distancia de cuatro leguas en que vierten los Manantiales y con superación de los óbices que la informe desigualdad del terreno en su nivel había privado a este vecindario de un elemento tan precioso y de primera necesidad en muy cerca de siglo y medio consecutivos con la fundación, y satisfechos al ver que cesaron los agenciantes por este medio de caudales incógnitos, y ha dado fin un trajín que degrada la fertilidad de nuestro suelo, resuelven premiar la obra del referido gobernador.

Es este sin duda el primer ensayo que se ha intentado para dotar de agua potable a la ciudad, realizando en forma imperfecta, si se quiere, y con simple acequia descubierta el actual sistema de provisión con cañerías y demás perfeccionamientos modernos que ya mandaba estudiar en 1860 el señor gobernador Salustiano Zavalía, dentro de los lineamientos generales.

 

Ir arriba

"LAS AGUAS CORRIENTES"

Desde el año 1685, hasta los finales del siglo XIX, el agua para bebida y usos domésticos resultó costosa y difícil para los tucumanos.

Desde que San Miguel de Tucumán fue trasladada a su asiento actual, en 1685, la preocupación fundamental del vecindario fue el problema del agua. La construcción de la “acequia del Bajo”, ubicada entre la actual avenida Avellaneda y el río Salí (cuyo cauce, en esa época ocupaba la extensa área del parque 9 de Julio), no fue una solución. En efecto, había que acarrear el líquido en carreta, desde la zona baja al centro; y además, si bien servía para las necesidades elementales, dejaba mucho que desear para bebida. Para lograr buena agua “de tomar”, había que viajar tres leguas hacia “los manantiales” (hoy El Manantial) y aprovisionarse.

    De allí la inquietud por lograr un curso de agua por la parte alta, y de cuyas alternativas documentan sobradamente las actas capitulares.

 

Fue recién en 1817, que el Gobernador Intendente Bernabé ARÁOZ, trajo el agua desde El Manantial a la ciudad, empresa cuyos gastos pagó con su propio peculio. Pero, unos años después, pareciera que el sistema dejó de funcionar. Para peor, ya en esa época se había alejado el cauce del Salí, lo que hacía difícil también lograr el agua para otros usos.

 

Cuadro de texto:

 

Cuadro de texto:

 

Ir arriba

ACEQUIA DE LA PATRIA

La Honorable Sala de Representantes, en julio de 1857, en uso de las facultades que inviste, y con el interés de fomentar la agricultura en los terrenos que riega la acequia de propiedad del estado, conocida con el nombre de “Acequia de la Patria”, que corre desde la Barranca Colorada hasta la laguna contigua a la Ciudadela, reglamenta su ley de funcionamiento.

Para ello dispone de una comisión compuesta por tres ciudadanos que administrará en nombre del gobierno, la Acequia de la Patria, debiendo ser nombrada por éste, anualmente.

Los deberes de la Comisión serán:

- Cuidar el exacto cumplimiento de este Reglamento .

- Hacer en la acequia todos los trabajos necesarios a fin de mejorarla y ponerla en estado de proveer abundante agua a todos los que la necesiten, invirtiendo, si fuese necesario, todos los valores que produzca.

- Llevar un libro de caja en el que se asienten todas las partidas de entrada y salida de fondo de la acequia.

- Reunirse todos los sábados en la casa del Presidente para examinar y rubricar el libro de caja que estará a cargo de éste, y para resolver las cuestiones que se suscite.

Sin embargo el agua de consumo, para la zona céntrica poblada se realizaba mediante pozos y aljibes. Se creó una nueva acequia para la provisión de agua, denominada acequia de la Patria, la que nacía desde la barranca colorada y llegaba a la zona contigua a la Ciudadela, denominación que recibió esta famosa fortaleza. La misma se trataba de un recinto atrincherado en forma de estrella de cinco puntas, rodeado en todo contorno por un foso. La Ciudadela fue diseñada por el Ing. Paillardelle, siendo utilizada por el Gral. Belgrano para hacer sus cuarteles donde acantonar el ejército.

 

Ir arriba

 FUENTE PÚBLICA DE AGUA

CONSTRUCCIÓN DE UN SURTIDOR DE AGUA DE LA MONTAÑA, EN LA PLAZA PRINCIPAL DE LA CIUDAD (Salustiano Zavalía – 22/12/1860)

Considerando que la ciudad de Tucumán, ha quedado privada de su río, por haberlo alejado a gran distancia la acción sucesiva de los tiempos, careciendo así de baños públicos, que son necesarios especialmente por las condiciones del clima y de lavaderos de ropa a corta distancia.

Que la montaña del oeste abunda en fuentes de agua exquisita, desde la de Tafí Viejo, hasta la denominada de Caínzo y pueden servir a estos objetos.

El gobierno de la provincia resuelve que se hagan las obras preparatorias de planos y presupuesto de gastos para la construcción de un surtidero de agua en la plaza principal de la ciudad, a traerse de las fuentes citadas por cañería desde una legua de dicha plaza y la demás distancia a tajo abierto por ahora.

Que la ciudad de Tucumán pudiera aprovisionarse de agua potable en un a fuente pública fue siempre una preocupación de las autoridades. Interesa revisar los pasos que se dieron, en aquel sentido, en tiempos de la Confederación Argentina. El gobernador Salustiano Zavalía, en su mensaje a la Sala Representantes, en febrero de 1961, recordaba que “a pesar de la falta de medios, no he perdido de vista un solo día, la construcción de un surtidero de agua para el pueblo, a colocarse en nuestra plaza principal y trayéndose ésta de la exquisita que brinda nuestra próxima montaña”.

Razonaba que, “situada esta ciudad a una latitud en que la mitad del año es verano, carece sin embargo de aguas públicas para bebida, baños y demás usos de este elemento bienhechor; puesto que su río, por el andar de los tiempos se ha alejado a tres cuartos de legua de sus contornos”.

Los habitantes de la ciudad se servían de pozos y los más pudientes, de aljibes. Pero no existía ninguna fuente pública del líquido. Felizmente, el ex presidente Justo José de Urquiza –con quien Zavalía tenía una gran amistad- había dispuesto aportar de su bolsillo “200 onzas de oro” para que Tucumán construyera una “pila” de agua.

 



 

 

Así, Zavalía podía decir, en su mensaje, que “por la munificencia del Excelentísimo Señor Presidente de la República (que en esos momentos era el doctor Santiago Derqui) y la del esclarecido Capitán General Urquiza cuento con algunos fondos que me ofrecen, y nos ayudarán poderosamente para la ejecución de la obra”. Agregaba que “si no alcanza su término durante mi período gubernativo, mucho es que quede empezada, y llevada a un estado de rendir algunos servicios a la ciudad”.

El gobernador esperaba contar con la cooperación de los diputados “para fundar esta obra, la más benéfica, la más urgente que pudiera imaginarse”. En ese sentido, informaba que “se están haciendo trabajos de estudio del terreno y las fuentes que han de utilizarse”, ni bien se terminaran, los presentaría a aprobación de la Sala. Era con el propósito de cumplir esa tarea, el de “proveer a las funciones geométricas de la Administración de Justicia”, que había restablecido la oficina Topográfica, clausurada por el gobierno anterior.

La fuente de agua no pudo ejecutarse, probablemente por las turbulencias políticas que pronto envolvieron a la provincia.

 


Cuadro de texto:
 

 

En 1862, el gobernador José María DEL CAMPO, ordenó demoler el obelisco que el gobierno rosista había puesto en el centro de la plaza (que se llamaba por entonces Independencia o Libertad, indistintamente), erigida en 1841. La reemplazó una columna cilíndrica de considerable altura, en homenaje al Congreso de 1816, cuya base estaba prevista para un surtidor de agua potable que se instalaría después.

La columna se inauguró el 10 de febrero de 1864, pero el surtidero no se ejecutó.

En 1872, Arsenio GRANILLO, describía la columna apuntando que “su pedestal termina en forma de taza por estar destinado a surtidor de agua”, pero no dice que la hubiera. Ese año la Municipalidad adjudicó a un contratista la colocación de dos “pilas”, en los costados norte y sur del paseo, así como la construcción de las cañerías respectivas. Pero el trabajo nunca se hizo. El municipio siguió con esa idea, adquirió las dos fuentes en Córdoba, y el problema ahora, seria el suministro de agua, la cual en un principio, se preveía.

Haciendo un filtrado de la captada en la acequia de la Patria, a la altura del matadero, que por ese entonces quedaba en los terrenos del actual parque Avellaneda.

Desde allí se la conduciría por cañerías de barro de diámetro 0,21 m . Dicho emprendimiento (colocación de cañería) no se realizó, rescindiendo el contrato en 1874, pero si existiendo la colocación de dichas fuentes, las cuales tendrán que esperar un tiempo mas, con las colocación de las cañerías de agua, para poder entrar en funcionamiento

 

Ir arriba

AUTORIZACIÓN PARA INVERSIÓN DE DOS MIL PESOS EN EL ESTUDIO DE LA PROVISIÓN DE AGUAS CORRIENTES AL MUNICIPIO (28/02/1885)

El interés que viene despertando el establecimiento de aguas corrientes en nuestro país, por los beneficios que traería a esta población, poniendo a su alcance un elemento tan indispensable para la vida; y las mejoras probables que causaría en nuestras condiciones higiénicas, habrían sido un motivo para solicitar los medios necesarios para hacer los estudios que pongan en evidencia las dificultades o la posibilidad y conveniencias de dicha obra, si atenciones de otro género no lo hubieran impedido.

Mas ahora, se agregan nuevas razones que creo no escaparán a la penetración y buen juicio, cuales son la facilidad con que pueden practicarse dichos estudios, teniendo a las órdenes del gobierno un ingeniero competente en el ramo y las ventajas que esto les daría para poder formar un cálculo aproximativo respecto a las conveniencias de las propuestas que cree en breve se presenten por empresas particulares.

En marzo de 1885, la Legislatura de la Provincia sanciona con fuerza de ley, lo siguiente:

Autorízase al P. E.. para invertir hasta la suma de dos mil pesos nacionales, en los estudios necesarios para el establecimiento de aguas corrientes en el Municipio de esta ciudad. (Se comisionó al Ing. Augusto Degoulet).

 

PROVISIÓN DE AGUAS POTABLES A LA CIUDAD: INFORMES Y PROYECTO DEL ING. AUGUSTO DEGOULET

El 1 de junio de 1885, Degoulet manifiesta los inconvenientes con que ha tropezado la Comisión a su cargo para llevar a cabo su cometido, “hemos hecho todo lo posible para vencer las dificultades inherentes a estudios de esta clase de terreno accidentado y boscoso; por consiguiente impropio para el alojamiento, pero nuestra buena voluntad no ha podido destruir los rigores del tiempo por unas fuertes y continuas lluvias, privándonos del trabajo durante varios días y tanto que los pocos peones con que contábamos, nos han abandonado por esta causa”.

Se ha concluido la primera parte del Proyecto, que abarca las cuatro quebradas que están frente a la ciudad (del Morro, Frontino, de las Conchas y Cañas), cuyas aguas superficiales se han medido y bastan para la población; se ha confirmado por varias excavaciones en las quebradas, que el caudal de agua superficial en cada una de ellas puede hacerse triple con trabajos hidráulicos necesarios y sencillos, asegurando completamente el éxito del Proyecto.

En su segundo informe, de fecha 31 de julio de 1885, expresa “puedo asegurar a V. E.. la permanencia de los manantiales que se trata de llevar a la ciudad, los levantamientos y nivelaciones que se han practicado, tuvieron por objeto determinar la relación existente entre los varias fuentes, conocer la topografía del terreno donde se tendrá que establecer las obras de conducción y fijar los puntos convenientes para las represas.

De los datos adquiridos con los estudios, se desprende que el proyecto es viable dada la magnitud de la obra, y por la importancia de sus resultados en el porvenir es muy conveniente.

En previsión de cualquier decisión del Excmo. Gobierno, se formulará un proyecto de:

- Aguas del Frontino, Conchas y Cañas.

- Aguas de las Cañas y parte de Las Piedras.

- Se abandonarán las aguas de la quebrada del Morro, porque no son necesarias, pero tenemos datos suficientes para efectuar su traída cuando se juzgue conveniente.

- Se hizo también un estudio completo de las aguas de la Quebrada de las Piedras y de su reunión con las aguas de Las Cañas.

 

Ir arriba

LA EPIDEMIA DEL CÓLERA

Durante el insoportable verano 1886-87 se produjo el estallido de la epidemia de cólera en el país. Desde Santa Fe, el flagelo se propagó a Córdoba. El gobernador Juan Posse, con sus colegas de Catamarca, Silvano Daza y de Santiago del Estero, Absalón Rojas, convinieron instalar en Recreo un cordón sanitario, pero el Ministerio del Interior los conminó a levantarlo de inmediato y mantener sin obstáculo alguno el paso de los trenes. Así fue que Tucumán quedó expuesta irremisiblemente al cólera.

La epidemia llegaría muy poco después, cuando llegó a la ciudad un tren que traía soldados de Rosario rumbo al Chaco salteño. Entre los conscriptos, pertenecientes al 5to. de Línea, había algunos enfermos de cólera, que fueron desembarcados en Tucumán y murieron poco después. A pesar de que Posse tomó todas las medidas precautorias a su alcance, días más tarde (10 de diciembre de 1886) se producían los primeros casos de cólera, desencadenando el pánico en toda la provincia. La contaminación del agua de bebida, proveniente de pozos y lo primitivo de la medicina disponible operaron para producir un cuadro aterrador.

La epidemia del cólera figura entre las páginas sombrías de la historia tucumana. En hospitales rápidamente habilitados, y con la ayuda de la Cruz Roja –que se constituyó por entonces, los médicos de Tucumán se prodigaron tratando de salvar vidas. Al mismo tiempo, una matrona, Elmina Paz de Gallo, recogía en su casa a los huérfanos que iban quedando. Un clima de “sálvese quien pueda” reinaba en todas partes. Las crónicas de la epidemia registrarían hechos espeluznantes, como el asesinato de miembros de la Cruz Roja en Los Sarmientos, por turbas que miraban a los médicos como brujos.

La lucha pudo hacerse más eficaz cuando entró a actuar la Comisión Nacional de Auxilios. Recién en la segunda quincena de febrero de 1887, el cólera amainó hasta desaparecer, después de haber ultimado a 3.500 personas. Un número muy elevado, si se tiene en cuenta que la provincia contaba por entonces con 172.500 habitantes.

Don Lídoro J. Quinteros asumió al gobierno de la provincia el 10 de agosto de 1887. Tucumán tuvo en esa época una brillante administración municipal, a cargo de José Padilla, intendente que dio definición urbana a nuestra capital. En efecto, Padilla abrió todas las calles del casco, que hasta entonces estaban cortadas por ranchos, quintas o construcciones fuera de línea, y abrió también, los cuatro “boulevards” de circulación, hoy conocidos como las cuatro avenidas. También formó la plaza Alberdi, a la vez que duplicaba los faroles de querosén y empedraba 62 cuadras. Durante su intendencia, el alumbrado público registró el 1 de enero de 1889 una sensacional novedad: la luz eléctrica, nada menos. Asimismo, el gobierno encargó a William H. Meiggs, los estudios para dotar de aguas corrientes a la ciudad.

Anteriormente, se habían presentado otras propuestas, que no llegaron a ser consideradas por la H. Legislatura, como antecedente ilustrativo, se refiere la presentada por los señores Guillermo J. Hill y Lauro A. Estévez, el 20 de septiembre de 1888.

“La Ley promulgada el 3 de junio de 1889, fue reducida a contrato por escritura pública, el 6 de junio de 1889, fecha en que se realizó, por parte del concesionario del depósito a que hace referencia el art.25 de la citada Ley, siendo de advertir que no habiendo el Sr. Meiggs cumplido con las obligaciones impuestas por la ley, ni realizado las obras a que alude la concesión, ésta caducó; quedando a beneficio de la Provincia, los diez mil pesos del depósito de garantía.”

El Dr. Benjamín Aráoz asumió al gobierno de la Provincia el 20 de febrero de 1894. La primera preocupación del nuevo mandatario –un talentoso médico de 38 años- fue lógicamente, la económica. Para pagar la pesada deuda que aquejaba al erario apretó las clavijas del impuesto a la producción azucarera impuesto por su antecesor Próspero García, entre otros recaudos que le permitieron, en su mensaje de septiembre de 1894, afirmar, que “ya contaba con los recursos necesarios para pagar lo atrasado” y “marchar al día”.

La administración de Aráoz pasaría a la historia al iniciar la solución de un viejo problema de la ciudad de Tucumán: “la falta de agua potable”. El gobernador requirió el asesoramiento de un reputado experto, el Ingeniero Hidráulico César Cipolletti. Este, luego de recorrer el terreno elaboró un proyecto con costo estimado de 500.000 pesos papel y 100.000 pesos oro. Se programaba una red distribuidora de 34 kilómetros, para servir a 43.000 habitantes, trayéndose el agua de fuentes situadas al noroeste de la ciudad, en el cerro de San Javier.

Para costear estas obras el Diputado Nacional Eliseo Cantón obtuvo la ley nacional 3282, que acordó a Tucumán un empréstito de un millón de pesos en títulos de deuda interna nacional. Hasta que concluyeran los trabajos se iría pagando con el producido del impuesto del azúcar.

Toda la obra fue movilizada por la diligencia de una Comisión de Aguas Potables, presidida primero por el ex gobernador Juan Posse y luego por el Doctor Luis F. Aráoz.

Aunque el Gobernador Aráoz murió repentinamente antes de ver cristalizada su iniciativa, su sucesor la impulsó decididamente.

 

Ir arriba

PROYECTO DEL INGENIERO CÉSAR CIPOLLETTI

El 16 de agosto de 1895, el Ingeniero César Cipolletti, por nota al Ministro de Gobierno Tte. Cnel. Dn. Lucas Córdoba, envió informe y presupuesto relativo a la provisión de agua potable a la Capital:

 La naturaleza no ha sido avara con la ciudad, pues en un radio de cinco a quince kilómetros, pone a nuestra disposición cuatro o cinco soluciones, todas buenas, quedando la del estudio detenido para seleccionar entre ellas la que presente mejores condiciones.

1. Tenemos el río Salí, que pasa a corta distancia, al este de la ciudad y que a quince kilómetros arriba de la misma se encuentra a treinta metros más elevada que la parte más elevada de la población, este río corre por una masa aluvional de ripio y arena muy permeables, de modo que presenta dos soluciones: una, la de las aguas superficiales y otra la de las aguas subterráneas, tomadas por medio de galerías filtrantes, puestas de costado, a través del cauce del río a la profundidad de tres o cuatro metros del mismo.

2. A cinco kilómetros al oeste, tenemos el arroyo El Manantial, excavado profundamente en el terreno donde brota una numerosa serie de vertientes, las que se acumulan hasta formar un caudaloso arroyo.

3. Al noroeste de la ciudad, en la falda de la sierra tenemos una serie muy numerosa de pequeños arroyos que se van formando entre cada quebrada. Los puntos favorables de donde se puede sacar conveniente agua de estos arroyos para el servicio de la ciudad distan de diez a quince kilómetros y se hallan elevados de 100 a 200 metros.

4. A estas soluciones podría agregarse otra, la perforación de pozos artesianos, con agua de excelente calidad. Es indudable que a corta distancia, tres o cuatro kilómetros, existe en el subsuelo una capa acuífera muy abundante que por presión natural puede subir a la superficie y por ciertas condiciones especiales podría concurrir favorablemente a la provisión de agua a la ciudad.

Entre las varias soluciones que se propone para la provisión de agua a la ciudad, la que reúne mejores condiciones sobre las demás, es la derivación de las aguas de los arroyos de la sierra situada al oeste de la ciudad.

Pero, antes de tomar cualquier determinación definitiva, es necesario proceder a las siguientes investigaciones:

- Una medida efectiva del volumen de agua que trae cada arroyo, tomada en la época de mayor escasez.

- Un esmerado análisis clínico de las mismas aguas en caso de que no se halla hecho o si no inspirara completa confianza.

- En caso de ser posible, una investigación bacteriológica, a fin de constatar si hay formas nocivas de bacteria.

- Constatar si esta agua ataca al fierro como a veces sucede con las aguas puras.

 Costo de la obra con relación a la potencia económica de la ciudad.

Si todas estas investigaciones preliminares dieran resultados favorables, como lo hacen presumir los datos que ya se tienen, no hay duda alguna que la solución propuesta es la mejor y la más económica.

En caso contrario, se debería recurrir a las aguas del río Salí, tomadas de un curso subterráneo, por medio de galerías filtrantes, y en defecto de éstas, de las superficiales del mismo río, filtradas naturalmente, a través del estrato aluvional del cauce.

 

Ir arriba

PRESUPUESTO

Aunque los datos recogidos no permiten presentar un presupuesto detallado en todas sus partes, sin embargo, son suficientes para poder avanzar en cifras absolutamente atendibles, dentro de los límites ordinarios de tales presupuestos. Por otra parte, obras como de la que se trata, siempre dan margen bastante para aumentar o disminuir el empleo de sumas de consideración, sin estorbar a la economía general de la obra misma.

Las bases sobre las cuales ha sido calculado el presupuesto que presento son las siguientes:

1. Que el agua debe traerse en caños de fierro fundido, caños de tierra cocida vidriados o caños de mampostería con mortero hidráulico, según resulte conveniente, de tres de los arroyos de la sierra antes mencionada, para una cantidad de 100 litros por 1”, igual a 8.640 m3 por día, hasta un depósito a construirse a tres y medio kilómetros distante de la ciudad, a treinta y siete metros de altura sobre la Plaza Independencia.

2. Que dicho depósito sea cubierto y capaz de contener la cantidad de 4.000 m3 de agua, debiéndose agregarle un filtro, igualmente cubierto, en condiciones de filtrar 100 litros por 1”.

3. Que el caño maestro que del depósito desciende a la ciudad, sea capaz de erogar 150 litros por 1”, conservando al principio de la ciudad una presión útil de 23 metros.

4. La red de distribución de la ciudad está calculada de manera que siendo siempre de 150 litros por 1” el consumo máximo, conserve una presión útil comprendida entre los 23 y 30 metros. La red total de distribución de agua se desarrolla en una extensión de 34 kilómetros.

5. Se ha proyectado colocar en las calles principales del perímetro, hidrantes para el riego de las mismas por medio de mangas o caños flexibles.

Bajo estos conceptos, el presupuesto de la obra es, sumariamente, el que a continuación se expresa:

¨ Caños de fierro fundido, piezas, válvulas, hidrantes: $ oro 100.000

¨ Transporte por ferrocarril: $ m.c.196.000

¨ Colocación cañerías de distribución: $ m.c.122.000

¨ Depósitos y filtros: $ m.n.110.000

¨ Expropiaciones y alambrados: $ m.n.50.000

¨ Gastos de administración y varios: $ m.n.72.000

Es decir un monto de cien mil pesos moneda nacional oro y quinientos cincuenta mil pesos moneda nacional papel.

Sobre este presupuesto pueden hacerse reducciones de consideración.

 

Ir arriba

GESTIONES DE BENJAMÍN ARÁOZ ANTE LA HONORABLE LEGISLATURA

Tengo el honor de someter a vuestra consideración, como complemento de la ley sobre el empréstito de un millón de pesos en fondos públicos nacionales, el adjunto proyecto por el cual se autoriza al Poder Ejecutivo a emprender las obras necesarias para proveer de aguas corrientes a la ciudad de Tucumán.

De los estudios hechos por los ingenieros competentes respecto a las diversas fuentes de agua potable que existen en las cercanías de la ciudad y que pueden ser aprovechadas con dicho objeto, resultan las más convenientes por muchos motivos, las que nacen de las faldas orientales de la vecina sierra de San Javier, como lo aseguran, entre otros, los Ingenieros Cipolletti y Degoulet, dos especialistas en esta delicada materia.

Esas aguas surgen de la montaña, puras y potables, conservando su baja temperatura hasta salir al llano, merced al espeso follaje que las defiende de la acción directa de los rayos solares. Tomándolas en la serranía misma, pueden ser conducidas a todos los barrios de la ciudad y elevadas a una altura conveniente, por sola acción de la gravedad, sin intervención de máquinas propulsoras, que siempre aumentan los gastos de mantenimiento de estas clases de obras.

En el informe que el Señor Cipolletti ha pasado al Gobierno, y que corre impreso, encontrará V. H. clara y extensamente demostrada la conveniencia de adoptar el plan establecido en el proyecto de ley que someto a vuestra ilustrada consideración.

En el plano, pasado por el departamento Topográfico, se encuentran señaladas las fuentes que por lo pronto deben ser expropiadas y el trazado de la canalización que es necesario construir para conducir el agua a los depósitos y enseguida, a la ciudad.

Noviembre 14 de 1895.

 

Ir arriba

GESTIONES DE LUCAS CÓRDOBA

El Teniente Coronel Lucas CÓRDOBA designado Gobernador por el Colegio Electoral el 30 de noviembre de 1895, llegaba al gobierno a los 54 años, tras una larga carrera militar que incluía la Campaña del Desierto. Realizaría una administración, sin dudas, memorable. En primer lugar se preocupó por llevar a cabo el programa de Aráoz sobre el agua. Promulgó la ley que autorizaba a contratar las obras de provisión de agua potable sobre la base del informe Cipolletti, y que se realizaron a tambor batiente. En 1898 se inauguraban, con lo que los habitantes de la ciudad accedieron a un adelanto fundamental.

No sólo se ocupó del agua de la ciudad, sino que también planificó la irrigación de la campaña. Licitó la construcción de la represa El Cajón y luego la del dique y tomas del río Salí, así como canales de riego en las secciones de la Capital y Cruz Alta. Asimismo, hizo sancionar la ley de Riego, para organizar el uso y el reparto del líquido, aparte de dar resolución a múltiples trabajos de desagües y de defensas en los ríos.

 

Ir arriba

AUTORIZACIÓN PARA CONSTRUCCIÓN DE OBRAS DE PROVISIÓN DE AGUA POTABLE A TUCUMÁN

El Senado y la Cámara de Diputados de la Provincia de Tucumán sancionan con fuerza de ley:

Art.1°. -Autorizase al Poder Ejecutivo para que, en cumplimiento de la Ley 679 del 13 de noviembre de 1895, proceda a contratar la construcción de las obras necesarias para proveer de agua potable, en presión, a la ciudad capital de la Provincia, de acuerdo con las bases fijadas en el informe del Ingeniero César Cipolletti, presentado al Poder Ejecutivo con fecha 16 de agosto del corriente año.

Art.2°. -Las aguas deberán ser derivadas de las fuentes situadas al noroeste de esta ciudad en la sierra de San Javier, denominada Los Caínzo, Tafí Viejo y Las Piedras.

Art.3°. -El agua será traída en caños de fierro fundido, caños de tierra cocida vidriados, o caños de mampostería de mortero hidráulico, según resulte conveniente, trayéndola de las tres mencionadas fuentes en una cantidad mínima de 50 litros por segundo, igual a 4.300 metros cúbicos por día, hasta un depósito situado a distancia conveniente de la ciudad y a una altura de 37 metros mínimun de la Plaza Independencia.

Art.4°. -El depósito de que habla el artículo anterior será cubierto y capaz de contener 4.000 metros cúbicos de agua, debiendo agregársele un filtro, igualmente cubierto, en condiciones de poder filtrar 100 litros por segundo por lo menos.

Art.5°. -El caño maestro, que del depósito conduzca el agua hasta la ciudad, será capaz de erogar ciento cincuenta litros por segundo, comenzando en el principio de la ciudad una presión útil de veinte metros como mínimum.

Art.6°. -La red de distribución de la ciudad será calculada de manera que, suponiendo que sea siempre de 150 litros por segundo el consumo máximo, conserve una presión útil comprendida entre los 23 y 30 metros como mínimum.

Art.7°. -La red total de distribución de agua, según las bases indicadas en los artículos anteriores, se desarrollará en una extensión de 34 kilómetros, aproximadamente.

Art.8°. -En las calles principales y más pobladas, se colocarán dos hidrantes en cada esquina y dos más en el espacio de cada cuadra y las demás calles, la mitad del número indicado.

Art.9°. -Declárase de utilidad pública y sujetas a la ocupación en propiedad de las fuentes de las Piedras y Tafí Viejo, consignadas en el plano de la parte correspondiente de la sierra situada al oeste de la ciudad, presentado por el Departamento Topográfico de la Provincia.

Art.10°. -Declárase igualmente, de utilidad pública y sujetos a la ocupación, en calidad de servidumbre, los terrenos que fuesen necesarios para construir la canalización desde las mencionadas fuentes hasta la ciudad.

Art.11°. -Se declara también de utilidad pública, la ocupación en propiedad, de dos hectáreas para el establecimiento del depósito a que se refiere el Art.3°.

Art.12°. -Antes de proceder a la licitación para la construcción de las obras, el Poder Ejecutivo recabará de la Comisión de Obras de Salubridad de la Capital la aprobación del presupuesto definitivo de los trabajos proyectados.

Art.13°. -Obtenida la aprobación a que se refiere el artículo anterior, el Poder Ejecutivo procederá, por licitación pública, de acuerdo con la ley de contabilidad, a contratar la construcción de las obras con empresas particulares, excepción hecha de la provisión de caños y aparatos, los que se comprarán directamente en Europa por intermedio de la Comisión de las Obras de Salubridad de la Capital de la República, siempre que se pudiera obtener este concurso.

Art.14°. -Queda autorizado el Poder Ejecutivo para sacar las obras a licitación por secciones o en su totalidad, como lo estime conveniente.

Art.15°. -El poder Ejecutivo gestionará ante quien corresponda la exoneración de los derechos e impuestos de aduana para todos los materiales y útiles destinados a estas obras, sin que su denegación sea la causa de desistimiento e interrupción de los trabajos.

Art.16°. -Para la ejecución de estas obras se establece una oficina compuesta por un Director, un Subdirector, dos dibujantes y dos escribientes, con sueldo que determine el presupuesto.

Art.17°. -En oportunidad se fijarán, por ley especial, las tarifas que deban regir para el cobro del agua destinada al consumo de los particulares.

Art.18°. -Los gastos que demande el cumplimiento de esta ley se cubrirán con el producido del empréstito autorizado por la ley del 13 de noviembre del corriente.

Art.19°. -El Poder Ejecutivo reglamentará la presente ley.

Art.20°. -Comuníquese al Poder Ejecutivo.

Diciembre 13 de 1895.

 

Ir arriba

COMISIÓN DE AGUAS POTABLES

Tucumán, mayo 7 de 1896

Debiendo darse principio, en breve a la construcción de las obras necesarias para proveer a la Capital de la Provincia, de aguas potables, en presión, y requiriendo la magnitud de los trabajos las gestiones sobre expropiación de terrenos y vertientes, que deben ocuparse según la Ley de 16 de diciembre de 1895, y el más perfecto control en la inversión de los fondos destinados a aquellas obras, una atención especial,

El Gobernador de la Provincia

DECRETA:

Art.1°. - Créase una Comisión de cinco miembros bajo la denominación de Comisión de Aguas Potables de la Ciudad de Tucumán, que la formarán cuatro vecinos y el Ingeniero Director del Departamento de Ingenieros en calidad de vocal y tendrá a sus órdenes al personal subalterno indispensable.

Art.2°. -Son atribuciones de la Comisión:

Intervenir en todas las licitaciones de las obras; en los pagos de los trabajos, de sueldos y honorarios; en la adquisición y recibo de materiales, pago de éstos y de flete; en las expropiaciones y en el pago de lo que ellas importen; y en general, en todo cuanto se refiera a la inversión de los fondos destinados a las obras.

 

Ir arriba

AGUAS POTABLES DE LA CIUDAD DE TUCUMÁN

Visto que en la primera quincena de diciembre de 1896, las aguas han experimentado un rápido descenso de su caudal, a causa de la prolongada sequía que sobrevino en la época mencionada.

En estas circunstancias y para asegurar en todo tiempo, aún en épocas análogas o sequías más prolongadas, el caudal de agua que necesita la población, se hace necesario agregar a las fuentes, las denominadas Cañas, Antayacu, Piedras, Víbora, Cedro, Caínzo y cuatro más al Norte llamadas Quebrada Grande, Taficito, Arriba y Población.

Porque el agua de estos arroyos y fuentes del Norte recorren muy cortas distancias, por regiones elevadas, absolutamente despobladas; las aguas son inmejorables y frescas, que no ofrecen más inconveniente de no rendir el caudal necesario sólo en años muy excepcionales.

Que ya quedó evidenciado al discutirse la ley el 18 de diciembre de 1895, la provisión de agua a la ciudad de San Miguel de Tucumán, sólo puede hacerse realizando tres proyectos:

1. Conducción de las aguas del río Salí, por gravitación.

2. Levantando mecánicamente las aguas subterráneas.

3. Conduciendo las de los arroyos y fuentes, también por gravitación, ya sea derivando las que están al norte de la ciudad, que es el proyecto que el gobierno trata de realizar, o tomando las del río Lules al sud.

Existen altas y fundadas razones científicas que demuestran que el proyecto de traer aguas de los arroyos y fuentes que emanan de la sierra del oeste de la ciudad es indiscutiblemente más conveniente y económico.

a) Porque el agua del Salí es salina, contaminable y de temperatura elevada en verano, siendo su conducción extremadamente difícil por los accidentes del terreno,

b) Porque las aguas subterráneas aunque buenas y de temperatura constante necesitan levantamiento mecánico por todo el año y se precisaría por lo menos un año de experiencias para determinar el punto más conveniente para la instalación del establecimiento de bombas y la extensión a darse a los pozos de las tomas.

c) Porque traídas las aguas del río Lules, que tiene la ventaja de poder suministrar los 100 litros por 1”, ofrece la desventaja que las aguas superficiales recorrerían una larga distancia por regiones pobladas o por poblarse; son susceptibles de contaminarse, de aumentar su temperatura en verano, de enturbiarse en épocas de crecientes, etc., lo que exigiría filtros más extensos y costosos. Por otra parte consta que caen al río vertientes de aguas salinas, y la circunstancia de ser conducidas las aguas por un solo acueducto presenta el gran inconveniente de una probable suspensión completa del servicio en caso de accidente.

Por ello el gobernador de la Provincia resuelve autorizar a la dirección Técnica de aguas potables de la ciudad de Tucumán, para extender los estudios de las fuentes mencionadas.

Febrero 17 de 1897.

Lucas CÓRDOBA

 

Ir arriba

PIEDRA FUNDAMENTAL DE LAS OBRAS DE AGUAS CORRIENTES

ACTO OFICIAL EN LOS DEPÓSITOS DE VILLA MUÑECAS

El 15 de agosto de 1897, en una concurrida ceremonia, se colocó la piedra fundamental de los depósitos de aguas corrientes en Villa Muñecas. El acto fue presidido por el Gobernador de Tucumán, teniente coronel Lucas Córdoba, sus ministros de Gobierno, doctor Pedro Koch y de Hacienda Alberto León de Soldati; el Intendente Municipal Zenón J. Santillán; los presidentes de las Cámaras de Senadores, Wellington de la Rosa y Diputados, Román F. Torres y otros altos funcionarios.

Se cumplía así un viejo anhelo de la población de la ciudad, que hasta entonces se proveía de agua en aljibes y pozos domiciliarios, como en la época de la colonia. En la ceremonia del 15 se enterró un tubo de antimonio con el acta respectiva y la firma de los presentes, colocándose una piedra con la leyenda “Obra concebida e iniciada durante el gobierno del Doctor Benjamín Aráoz MDCCCXCV.

Pronunciaron discursos el doctor Luis F. Aráoz y el Ministro doctor Alberto León de Soldati, “¡Cuánto caudal de buena voluntad perseverante e inteligente ha sido necesario para que podamos figurar realidad lo que tantas veces hemos soñado y deseado, en las siestas asfixiantes y calurosísimas de nuestro verano eterno: claras, frescas, dulces aguas para las múltiples necesidades de la vida!”, dijo el ministro en uno de sus párrafos.

El Dr. Próspero MENA, distinguido abogado, ex presidente del Supremo Tribunal de Justicia, juró como Gobernador el 4 de diciembre de 1898.

A pesar de las dificultades económicas que volvían a apretar al tesoro provincial, Mena se las arregló para no detener las obras públicas en marcha. Concluyó la conexión domiciliaria de las aguas corrientes e inauguró el dique del río Salí (La Aguadita), así como la primera sección del canal Matriz de irrigación en el departamento Cruz Alta, el 3 de diciembre de 1899, quedando a partir de ese día librados al servicio.

 



 



 



 

Ir arriba

LA LEY OBLIGÓ A UTILIZAR EL AGUA CORRIENTE EN 1899

Ni bien Tucumán contó con el servicio de agua corriente (construido con gran esfuerzo por la Provincia, entre 1895 y 1898), fue necesario imponerlo a la población, así como reglamentar sus instalaciones y precio. Porque habían surgido ciertos problemas: había quienes no querían hacer el gasto de la instalación y seguir manejándose con el sistema de aljibes o pozos, con lo cual el logro higiénico que el agua potable significaba venía a desvirtuarse. Existía también el riesgo de que la cañería interior se construyera con materiales inadecuados.

El 2 de enero de 1899, con las firmas del Gobernador de Tucumán, Doctor Próspero Mena y del Ministro de Gobierno Federico Helguera se promulgaba la ley que declaraba obligatorio el uso de las “aguas corrientes potables” para todo inmueble habitado que se encontrase dentro del área beneficiada por la instalación de ese servicio.

Ocurría que ya estaban concluidas las obras que de acuerdo a la ley de 1895, dotaron a nuestra ciudad de tan fundamental adelanto. Fueron conducidas por el Ing. César Cipolletti, especialmente contratado a esos efectos por la administración del Doctor Benjamín Aráoz. Al sucesor de éste, don Lucas Córdoba, le había correspondido llevar adelante la iniciativa, que completó luego el Doctor Próspero Mena. Treinta y cuatro kilómetros de cañerías trajeron el agua desde diversas fuentes situadas en la serranía de San Javier, hasta los grandes y flamantes depósitos de Villa Muñecas. Bien pudo decir el gobernador Córdoba en 1897, al poner la piedra fundamental de aquellos, que la provisión de las aguas corrientes a Tucumán constituía “una de las obras más completas en su género, de cuantas se han realizado en el país”.

El precio del servicio, hasta que se sancionara la ley de Presupuesto, sería fijado por el P. E.. y no podía exceder del 4% “sobre la renta que de la propiedad, o se le calcule”. En cuanto a la tarifa; para uso doméstico el servicio sería pagado en cuota fija mensual y para uso industrial, se abonaría en base a los metros cúbicos consumidos en cada mes, sería establecida siempre por el Poder Ejecutivo. El producido se aplicaría “exclusivamente al pago de las obras de aguas potables y a la conservación y administración de las mismas”. La parte externa de las instalaciones –es decir, desde el arranque del caño hasta el muro- sería construida por el gobierno, y la interna –o sea dentro de la propiedad- sería realizada por el propietario bajo la dirección de la Comisión de Aguas Potables, o por el P. E.. a costa de aquel.

La comisión debía aprobar todo material o sistema que se usara, y no podían practicarse modificaciones sin su previo consentimiento. Si necesitase hacer reparaciones y los propietarios no las hicieran, el gobierno las efectuará con cargo de reintegro.

El inmueble quedaba afectado al pago de la deuda por las obras de aguas potables, y el certificado cancelatorio de tal obligación era imprescindible para toda escritura de transmisión del bien o de constitución de derechos reales sobre éste.

La ley determinaba también, entre otras disposiciones, la facultad de la comisión para imponer multas a los infractores, así como el libre acceso de los “ingenieros inspectores u otros empleados autorizados” al interior de los inmuebles. Debían acreditar para ello su condición, y las visitas podían ser efectuadas solamente “en las horas comprendidas entre la salida hasta la puesta del sol, salvo el caso de extraordinaria urgencia”.

Con estas normas se logró rápidamente generalizar el servicio, por encima de las protestas y resistencias que, paradójicamente, despertaba en esa etapa el sensacional adelanto.

A partir del 1 de noviembre de 1899, y por una ley complementaria se cobraría el servicio de agua corriente a todos los edificios que tengan instalación, sin excepción alguna; la Sección Aguas Potables abriría una cuenta especial a los edificios ocupados por Reparticiones Públicas y les cargaría mensualmente la cuenta que les correspondería por el servicio de agua.

 

Ir arriba

DEPARTAMENTO DE OBRAS PÚBLICAS

Teniendo en cuenta la difícil situación financiera por la que atravesaba el erario de la Provincia y la necesidad imperiosa de tomar medidas radicales que permitieran regularizar la marcha administrativa del gobierno se creó el Departamento de OBRAS PUBLICAS, en el que se refundieron el Departamento de Irrigación, el de Ingenieros y la Comisión de Aguas Potables.

La nueva repartición se compuso de la siguiente forma:

¨ De un Consejo de Obras Públicas.

¨ De tres secciones: la primera de Irrigación, la segunda de Aguas Potables y la tercera de Ingenieros.

El Teniente Coronel Lucas CÓRDOBA, juró al cargo de gobernador de la provincia, en su segundo mandato el 4 de diciembre de 1901.

Siempre obsesionado por el problema del agua, el gabinete se jugó entero detrás de un nuevo proyecto, invertir más de un millón de pesos para embalsar los caudales del río Salí, en el punto denominado “El Cadillal”.

Tal el comienzo de la larga y azarosa historia del dique El Cadillal. La provincia inició las obras pero no pudo continuarlas, en 1906 por ley del Congreso, la Nación se hizo cargo de los trabajos. Ellos serían corregidos y abandonados varias veces, hasta comienzos de la década del 60, cuando se los encaró y concluyó.

 

Ir arriba

CONSTRUCCIÓN DEL DIQUE EL CADILLAL

El gobernador Lucas Córdoba promulgaba la ley del 7 de diciembre de 1903 de construcción del dique de embalse El Cadillal, cuyo proyecto había presentado el 29 de octubre del mismo año, “consecuente con las ideas y propósitos de llevar el riego de un extremo al otro de la provincia, para asegurar al agricultor todos los mayores beneficios posibles”.

La inversión prevista para esta obra –que embalsabas el río Salí en el paraje de ese nombre- era de 1.071.180 pesos. Sostenía el gobernador que la presa tendría capacidad para regar permanentemente 100.000 hectáreas, aumentando a 80.000 más las que se regaban entonces con el Salí, en las zonas Capital y Cruz Alta, y extendiendo el beneficio a Leales, parte de Tafí e inclusive Burruyacú. Como otro argumento de peso, agregaba que sólo El Cadillal daría verdadera utilidad a los canales recientemente construidos, a alto costo, en esas zonas.

La aprobación de la norma fue unánime en ambas cámaras, pocos días después se fijaban los terrenos a expropiar a la sucesión de Wenceslao Posse y a los señores Tristán Castro, Adolfo López y Javier López para la construcción del dique, cuya piedra fundamental se pondría el 27 de noviembre de 1904.

Posteriormente, el senador Alberto León de Soldati, propuso y obtuvo, del Congreso, la ley 5024, por medio de la cual la Nación se hacía cargo de la obra, debiendo firmarse con la provincia un convenio sobre los títulos a emitir para costearlo.

Pero el trámite se siguió estirando. Hacia el Centenario, los informes técnicos encontraron impracticable el primer proyecto, obra del ingeniero Carlos Wauters, y se aprobó otro.

Pasarían 62 años hasta que se concretara la presa.

 

Ir arriba

PERFORACIONES PARA EL SUMINISTRO DE AGUA POTABLE A LA CIUDAD DE SAN MIGUEL DE TUCUMÁN

MEMORÁNDUM

Sobre perforaciones en la finca “Las Muñecas” para producción de agua destinada al consumo de la ciudad de Tucumán.

El presente Memorándum no tiene otro alcance que el de presentar agrupados los documentos principales que muestran las gestiones hechas por la Provincia, por intermedio del Departamento de Irrigación, Hidráulica y Obras Públicas, por la preocupación del Excmo. Gobierno en el “problema de las aguas corrientes”, esforzándose en presentar con un valor definido, un factor que aún no había sido considerado en las distintas soluciones planteadas para satisfacer la finalidad de la dotación de aguas puras, incontaminables y en cantidad suficiente para las necesidades presentes y futuras de la ciudad.

A) En noviembre del año 1913, en los días en que revivía la intranquilidad de la población por la preocupación de la escasez de agua, sentida en grado acentuado en el período de mínimas del año 1912, y observada luego como sospechosa después de las primeras lluvias, el Departamento citado presentó el Memorándum, demostrando la necesidad y conveniencia de utilizar el subsuelo, buscando en él la fuente de aguas puras que reclamaba la ciudad, y en cuyo aprovechamiento podría radicar la solución de su problema de abastecimiento, en forma ventajosa para los intereses del pueblo.

1. Para Tucumán se necesita asegurar el mínimo de agua para la época de escasez, haciendo desaparecer los motivos de preocupaciones, en cuanto a cantidad; se necesita, asimismo, asegurar la buena calidad. El aprovechamiento de nuevas vertientes de la tierra de San Javier, no es un a solución suficiente para lo primero, y no influiría en asegurar la buena calidad, por la naturaleza misma de las fuentes, con cursos en campos poblados.

2. El proyecto de traer las aguas del río Vipos, demandará algunos millones, aparte de las dificultades de otro orden. No puede conceptuarse una excelente solución, por cuanto se trata de aprovechar las aguas de un curso superficial, sujetas a los enturbiamientos propios de cursos que atraviesan suelos cretáceos. Además hay que tener presente que si las aguas son de dominio público, el estado ha otorgado el derecho de aprovechamiento por más de mil unidades, es decir, por un caudal de agua que es más o menos el del río en estiaje.

3. La manutención de las faldas de la sierra de San Javier, donde nacen y se forman los arroyitos que actualmente se aprovechan, es decir, el impedir la acción del hombre, significaría devolver a las vertientes, con el transcurso de pocos años, cuando la naturaleza misma haya borrado las huellas del avance humano, devolver a los arroyos sus modalidades originarias de cursos, en faldas boscosas vírgenes, es decir, con aguas puras y sombreadas, y que por las lluvias se enturbian sólo en la forma como acontecía hace 20 años. La conservación de las faldas, que ocasionaría el mejoramiento de las condiciones de los arroyos como fuentes de suministro, necesita completarse con la habilitación o creación de nuevas fuentes

4. Las poblaciones importantes, cuando no disponen de fuentes superficiales o de captación, que garanticen la permanencia de aguas satisfactorias en cuanto a calidad y cantidad, buscan en el subsuelo que esa permanencia en calidad y cantidad esté garantizada dado el origen y formación de la fuente.

5. En los alrededores de Tucumán, el subsuelo es rico en aguas, según se concluye estudiando las perforaciones efectuadas y escuchando las consideraciones que al respecto hace el Ingeniero Federico LAGRANGE, distinguido técnico, cuya autorizada opinión está ratificada por los excelentes resultados de las perforaciones efectuadas en la Provincia por la Dirección General de FFCC, siendo el Jefe de la misma.

B) El Excmo. Gobierno gestionó ante el entonces Ministro de Obras Públicas de la Nación, Dr. Meyer Pellegrini, de que una máquina poderosa, con su personal y todos los materiales para el trabajo, fuera facilitada a la Provincia para iniciar las perforaciones de estudio, pagando ésta el gasto de personal, leña, etc., todos los gastos para el funcionamiento de la máquina. Cedida la máquina, se eligió el lugar en la finca “Las Muñecas” por razones diversas fácilmente explicables, y se dio comienzo a su traslado e instalación, iniciándose la perforación el día 7 de septiembre de 1914. La máquina era de la División de Perforaciones arriba citada, trabajándose bajo la dirección del Ingeniero Federico LAGRANGE, con la inspección de G. Schwarzer.

C) Como aparecieron en los diarios locales, publicaciones referentes a opiniones vertidas por técnicos, según los cuales el pensar en contribuir a la dotación de la ciudad con agua de perforaciones era un absurdo, en el mes de octubre de 1914, esta Dirección hizo entrega al Ministerio, de un estudio de fecha 10 del mismo mes, preparado por el citado Lagrange, en el que admitiendo circunstancias completamente desfavorables (poco nivel piezométrico de las napas, escaso rendimiento de las mimas, etc.), se demostraba que aún así la solución del problema del agua por perforaciones, no sólo era la ventajosa bajo la faz económica, sino que también la única por lo que respecta a agua bacteriológicamente pura e incontaminable en su origen.

D) La perforación de ensayo cuyo trabajo se ha desarrollado con la lentitud requerida por el estudio minucioso de cada napa de agua encontrada, se llegó hasta los 460 metros de profundidad en la que se encontró el subsuelo denominado “ calchaqueño”, terreno poco propicio para encontrar en él el agua de la calidad que se buscaba. Se dio pues, por terminada en dicha profundidad la perforación de estudio.

Habiéndose experimentado la existencia de napas de agua en condiciones favorables, se decidió a hacer los trabajos complementarios para habilitar algunas, dejando a la perforación de estudios, en condiciones de ser aprovechada.

E) Comprobado que la perforación de estudio N°1 podría producir fácilmente hasta 50 litros por segundo de excelente agua de bebida, el Excmo. Gobierno resolvió autorizar las instalaciones requeridas, optándose por un tipo de relativo poco costo, pero suficiente para cumplirse el propósito perseguido:

¨ Una bomba centrífuga tipo tubular, de un diámetro exterior de 8” y con una capacidad de 45 a 50 litros por segundo, ya adquirida en Nueva York (EE.UU.).

¨ Un Motor semifijo Wolf de 65/85 HP, adquirido.

F) Visto el resultado de la perforación N° 1 se pensó en ejecutar una segunda con la profundidad requerida para disponer de 50 litros por segundo, aprovechando el conocimiento dado por la primera, pudiéndose así producir hasta 100 litros por segundo, es decir, casi el doble de las mínimas anotadas para el conjunto de las vertientes de las faldas de la sierra de San Javier (55 litros en el año 1912).

Teniendo ya hechos que permitían sustentar con mayor facilidad el valor de las perforaciones en la solución del problema del agua para la ciudad, era necesario el concurso de un especialista que fijara bajo consideraciones científicas las bases hidrogeológicas de un plan definitivo. Se gestionó del Ministerio de Agricultura el envío del geólogo, Dr. Ricardo STAPPENBECK, cuya competencia estaba corroborada plenamente. Mientras efectuaba el estudio general de Tucumán y sus alrededores, intervino en los ensayos que se efectuaban con las napas atravesadas por la perforación N° 1, suministrando el informe preliminar N°15, en el que se estudia y se establecen conclusiones sobre la perforación efectuada y se indica la posición relativa a darse a la 2da.

Esta segunda perforación se inició de inmediato, habiéndose llegado a la fecha a más de 100 metros de profundidad, pudiéndose desde ya aseverar que las napas encontradas entre los 50 y 100 metros, 2 napas de aguas puras, de pocos grados de dureza, con nivel piezométrico común de 15,80 metros, podrán dar los 50 litros segundo que se buscaban, según se ha comprobado con cuchareos y bombeos efectuados después de colocar los filtros definitivos.

Tenemos pues ya las dos perforaciones que en conjunto podrían producir 100 litros segundo, una vez hechas las instalaciones requeridas

 G) En agosto de 1915, el Dr. Stappenbeck entregó el informe sobre el estudio encargado por el Excmo. Gobierno de la Provincia, informe titulado “EL AGUA SUBTERRÁNEA EN EL CONO DE DEYECCIÓN DE TUCUMÁN”. –

H) El Ingeniero César CIPOLLETTI en 1895, presentó sus estudios sobre la mejor manera de proveer de agua no contaminable a la ciudad capital, en un informe concienzudo justificó la elección de los arroyitos de San Javier, eliminando antes a otras formas de suministro.

Hoy día, dada la nueva faz del problema en presencias del resultado de las perforaciones, y cuando se busca y discute la solución, con más alarmas y dificultades que hace 20 años cuando se llamó al eminente Cipolletti, es sumamente interesante recordar los razonamientos del ilustre ingeniero, que sobre aguas del subsuelo, no tenía sino las enseñanzas del ahora mezquino pozo surgente del Manantial, y se lamentaba de que el caudal de pozos similares en la zona, era una incógnita, pues de lo contrario consideraba una solución elevar el agua mecánicamente para proveer a la ciudad.

Entre elevar las aguas del arroyo del Manantial de Marlopa o traerlas de los arroyos de la sierra, optó por lo segundo, porque el aumento de caudal se conseguiría con sólo extender cañerías a nuevos arroyos de más al norte, mientras que haciendo una instalación de elevación mecánica en el Manantial, tendría que ser bastante abajo para contar con el agua que podría requerirse en el futuro, aumentando por consiguiente el costo para el levantamiento de las mismas, desde el principio del ejercicio. En presencia de perforaciones como las efectuadas en Muñecas, indudablemente triunfa la idea de una elevación mecánica, mayormente porque es muy inferior y es de aguas infinitamente incontaminables.

I) Iniciadas las obras para traer las aguas de la sierra, al poco tiempo se confirmaron las dudas sobre el mínimo que se podía garantizar, y siguiendo una idea del Ingeniero Cipolletti se decidió la ejecución de pozos para suplir la escasez eventual. Aún existe la bomba adquirida para extraer de uno empezado en Muñecas, hasta 30 litros segundo, pero desgraciadamente no pudo llevarse a feliz término la empresa.

Hace más de quince años, y ya hechas las obras para utilizar las aguas de la sierra, tres cuestiones había que resolver:

¨ Aislar los arroyos, impidiendo el acceso de animales.

¨ Imponer una servidumbre, para impedir el desbosque, o sujetarlo a una reglamentación.

¨ Disponer de pozos para las épocas en que se aminoran extraordinariamente los caudales de los arroyos.

 

Los dos primeros puntos no están aún resueltos, a pesar de que distintas administraciones se han preocupado del asunto. La actual administración se preocupa del problema y es de esperarse pueda éste encararse bajo el concepto originario y único aceptable económicamente: aislar los arroyos, e imponer una servidumbre que impida el desbosque en la cuenca imbrífera de dichos arroyos.

El tercer punto no ha sido tampoco resuelto, pues si bien se dispone ahora de las aguas del río Loro, sabemos por experiencia, que la eventualidad de escasez de agua de otras épocas, para la actual población es un hecho fatal en un período dado de años de seca. Las perforaciones efectuadas en la finca de “Las Muñecas”, han resuelto el tercer punto, en forma tal que es razonable pensar que el hecho afectará fundamentalmente a la solución a darse en el punto II, en lo que respecta a su amplitud y asimismo, ofrecerán dichas perforaciones, elementos de juicio que servirán para fijar definitivamente el programa de obras futuras para asegurar a la ciudad una dotación progresiva como sus necesidades, de aguas puras e incontaminables.

J) Dado el valor intrínseco que aporta por sus enseñanzas, se agrega copia del Documento elevado al Ministerio de Gobierno, con fecha abril de 1903, por el entonces Director de Obras Públicas y Presidente de la Junta Superior de Irrigación, Ingeniero Carlos WAUTERS, sobre el desbosque de la sierra de San Javier. A dicho ingeniero debe la Provincia la iniciativa y ejecución de importantes obras en el sistema de aguas corrientes, y si alguna de ellas no aparece, es simplemente porque el esfuerzo hecho con sumas irrisorias fue aplastado por obras posteriores que surgieron del empuje del mucho capital disponible.

 

Tucumán, agosto 31 de 1915

Alejandro Uslenghi

 

Ir arriba

Sobre perforaciones en la finca “Las Muñecas” para producción de agua destinada al consumo de la ciudad de Tucumán

La primera parte del memorándum fue escrita cuando aún no se había concluido la perforación N° 2 y se esperaba la llegada de la bomba pedida a Norteamérica.

La perforación N°2, ubicada a unos 250 metros al sur de la primera, se terminó en octubre de 1915. En un plano adjunto, relativo a la perforación se detallan gráficamente:

¨ La marcha del trabajo.

¨ Cómo se dejó en definitiva la cañería para el aprovechamiento de algunas napas.

¨ Distintas napas de agua estudiadas, sus características y calidad.

La profundidad alcanzada es de 245,50 metros, habiéndose colocado filtros para el aprovechamiento de las napas 2da, 3ra, 4ta y 5ta., las que conjuntamente tienen un nivel piezométrico de 17,50 metros, siendo el agua de una dureza inferior a los 18°. Los análisis químicos hechos, han comprobado que se trata de aguas de la misma calidad que las de la perforación n°1. Los cuchareos y estudios de descenso efectuados, permiten aseverar que la producción será como la del pozo n°1.

La bomba “AMES” expedida de San Francisco en septiembre de 1915, por diversos contratiempos sólo en abril del año siguiente, se recibió en Muñecas, instalándosela inmediatamente. El 1° de mayo se hizo funcionar por primera vez, con buen resultado. El funcionamiento de la bomba prosiguió con intermitencias, hasta ser entregados los pozos a Obras Sanitarias de la Nación, en el mes de agosto.

 

Ir arriba

Informe geológico sobre la conveniencia de hacer perforaciones en MUÑECAS en busca de agua potable para la ciudad de Tucumán

Preliminar de junio de 1915 – del Doctor Ricardo STAPPENBECK

Para aminorar las necesidades de agua potable de la ciudad de Tucumán, en tiempo de sequía, se pensó en perforaciones en la finca “Las Muñecas”. –Este sitio parecía favorable, de antemano por la cercanía a la ciudad y a las instalaciones de las aguas corrientes por la presencia del tanque alto y por la situación en que queda el lugar sobre Tucumán, respecto a su altura. Fui encargado para estudiar si este punto fuese favorable, también bajo el punto de vista geológico. Con este motivo he estudiado hasta la fecha la mayor parte del cono de deyección de Tucumán y sus aguas subterráneas y doy en las siguientes páginas un informe preliminar sobre Muñecas, dejando el informe definitivo hasta que haya concluido las investigaciones de toda la región.

La parte del cono de deyección que debemos considerar para este fin, queda limitada en el oeste y noroeste por la Sierra de San Javier, en el norte por las lomadas que desde Tafí Viejo corren hacia el Cajón del Cadillal. Estas sierras y lomadas son formadas por tres diferentes formaciones geológicas: la precámbrica con areniscas grabacas y filitas; la formación petrolífera (parte más superior), y los estratos calchaqueños; las dos últimas compuestas de margas, arcillas, areniscas arcillosas y en parte de calizas. De ahí se desprende que el cono de deyección de Tucumán, constituido por el terreno de acarreo que proviene de la destrucción de aquellas rocas, está formado por depósitos de ripios y arena procedentes de las rocas precámbricas y de arcillas y margas procedentes de las demás formaciones mencionadas, es decir, de capas permeables e impermeables en alteración.

La permeabilidad de la superficie del cono de deyección es bastante grande, salvo algunas partes donde aflora arcilla, de modo que una gran parte de las precipitaciones, cuyo promedio podemos aceptar a lo menos como 1000 mm. para toda la zona, se infiltra.- A esta cantidad de agua que se infiltra inmediatamente, debemos agregar otra que corre de las partes adyacentes del Cerro San Javier y de las al norte de Tafí Viejo que se insume al pié de la montaña, en los depósitos del cono de deyección. Tenemos pues, un área de infiltración, con las precipitaciones necesarias y un receptáculo, bien favorables para sacar gran caudal de agua subterránea por medio de perforaciones.

 

Ir arriba

TOPOGRAFÍA (OROGRAFÍA)

La zona subandina de la Cordillera, en la Argentina septentrional termina al norte de la ciudad de San Miguel de Tucumán en la alta y extensa cumbre del “Cerro de Medina”, que tiene un rumbo norte-sur con pendientes escarpadas hacia el poniente y el naciente, coronado por una planicie de destrucción. Separada de su confín meridional por la ancha hondonada del “Timbó”, sigue hacia el este, con rumbo SO-NE., la “Sierra de la Ramada”, baja y cubierta con bosques, con faldas suaves, y el triángulo que se halla entre ambas montañas, está llenada por lomas, “los altos de Las Salinas”. Al oeste del “Cerro de Medina” y separado de él por el valle del río Salí, se levanta con igual rumbo meridional, la cumbre del “Cerro San Javier”, que forma el límite de la llanura de Tucumán hacia el oeste, hasta la región de la Estación Reducción. Esta montaña se halla más cubierta con bosque subtropical hasta 2400 metros hasta donde está el límite de la selva; igualmente es esto lo que se observa en el cerro de Medina. La parte superior de ambas montañas está sobre el límite de las selvas. Al norte de Tafí Viejo corre una lomada baja, los Cerros Colorados, atravesando el valle del río Salí, hasta el cerro de Medina, estrechando el cauce del río fuertemente en la angostura del Cajón del Cadillal. Estos cerros forman los confines superiores, y la región de origen de lo que denominaré “cono de deyección de Tucumán”. Es un cono de deyección compuesto, a base de acumulaciones del río Salí, pero que recibió un aumento de material sumamente copioso desde la punta del sudoeste de la Sierra de la Ramada, desde el Cerro de Medina y desde el Cerro de San Javier. Todas estas diferentes masas detríticas se juntaron formando una sola entidad, el cono de deyección de Tucumán, que ya por sí tenía un declive superficial muy débil, pero más tarde, en tiempos de menores depósitos de material, fue aún más terraplenado. Más tarde todavía, cuando la erosión en las sierras creció nuevamente, se formaron desde el cerro San Javier nuevos conos de deyección, de edad más moderna, con declive bastante más pronunciado, que al sur de Yerba Buena se juntaron con el de Tucumán, mientras uno de ellos, el cono de deyección de Tafí Viejo, se extendió sobre una parte del cono de deyección de Tucumán. Todavía hoy día se puede observar bien su límite en el terreno: corre algo al noroeste de Muñecas y coincide más o menos con la cota de 500 metros. Muy bien se observa esto desde la estación Tafí Viejo.

En el cono de deyección de Tucumán, ha cavado nuevamente su lecho el río Salí, causando así desde la superficie del cono un declive hacia ambas márgenes del río, y cortándole así superficialmente, en dos partes.

 

HIDROGRAFÍA

Respecto a su hidrografía, el cono de deyección de Tucumán pertenece a la cuenca del río Salí, que se forma en el norte de la provincia por un buen número de arroyos, recibiendo después desde el naciente el río Calera y desde el poniente, es decir desde el cerro de San Javier y desde el Aconquija, una serie de afluentes, en parte caudalosos como el río Lules, río Colorado y otros, y doblando, después de haber reunido sus aguas con las de los ríos Medina y Marapa, del rumbo norte sud al naciente. Así corre bajo el nombre de río Dulce por la provincia de Santiago del Estero, perdiéndose en la laguna de “Los Porongos”, al norte de Mar Chiquita.

 

Ir arriba

GEOLOGÍA

El cerro de MEDINA y el cerro de SAN JAVIER, se componen de esquistos, grabacas y areniscas de edad precámbrica. Mientras que el cerro de Medina no ha sido estudiado todavía con exactitud, y por eso la existencia de rocas precámbricas en aquella montaña se basa en la presencia de numerosísimos cantos rodados de ellas en el río Salí y en las lomadas entre el cerro de Medina y la sierra de La Ramada, y en el hecho de que el cerro de Medina es la prolongación de la sierra de la Candelaria, compuesto de rocas precámbricas. La existencia del precámbrico en el cerro de San Javier ya ha sido constatada por STELZNER hace mucho tiempo. Es verdad que Stelzner tomó como paleozoico inferior las rocas observadas allí: pizarras, esquistos oolíticos, micaesquistos, esquistos con estaurolita, granito, pegmatita con turmalina, gneis y granulita. En el parque Aconquija, al oeste de Yerba Buena afloran areniscas de grabaca, duras y pizarrosas, con rumbo casi N. S. E inclinación fuerte hacia el este. Alternan con areniscas amarillento-parduzcas, finas, en bancos, rocas parecidas se observan también en la quebrada de Tafí Viejo.

Otra formación que toma parte de la constitución de las montañas es la formación petrolífera que corre desde la provincia de Salta, a lo largo del pie del cerro de Burruyacú, formando sobre todo la sierra de la Ramada.

Desde el cajón del Cadillal, donde se comprobó la existencia de fuertes dislocaciones tectónicas, las arcillas y margas abigarradas y en parte arenosas corren hacia el cerro de San Javier, donde son visibles en parte bajo enormes acumulaciones de ripio y cantos rodados, en la Quebrada de Tafí Viejo, con rumbo norte a sur.

Los estratos calchaqueños, terciarios, que se hallan sobre la formación petrolífera, se presentan bajo la forma de arcillas, hasta margas arenosas rojas, coloradas o parduzcas, con intercalaciones de capas más o menos espesas de arenas feldespática gruesa, endurecida. En tal forma componen, con rumbo norte sur, e inclinación vertical, las lomas al oeste de Yerba Buena, sobrepuestos en la pendiente oriental por ripio estratificado, con ligamento arcilloso, que se inclina débilmente hacia el este.

 

Ir arriba

EL AGUA SUBTERRÁNEA

El agua subterránea del cono de deyección de Tucumán se forma de cuatro diferentes modos:

1. Por infiltración inmediata de las precipitaciones que caen sobre su superficie.

2. Por condensación del vapor en el aire dentro del suelo.

3. Por infiltración de manantiales superficiales y subterráneos al pie de la montaña.

4. Por infiltraciones del río Salí y de los canales de irrigación provenientes de este río.

La alta sierra del Aconquija con sus estribaciones forma un receptor sumamente efectivo de los vientos acuíferos que soplan del este. No hay estaciones pluviométricas en mayor altura que en Tafí Viejo y San Pablo; en otro caso se podría constatar seguramente precipitaciones mucho más abundantes en las faldas de la montaña. La pendiente occidental del macizo del Aconquija, ya es desierto completamente. La mayor cantidad de la lluvia cae en verano, la más pequeña en el invierno, en la primavera y en el otoño son casi iguales las precipitaciones.

La región del cono de deyección situada al norte, noroeste y oeste de Tucumán, hasta el pie de la sierra, tendrá a lo menos 225 km2, tomando como término medio de la cantidad de lluvia en esta región sólo 1000 mm., resulta una cantidad de lluvia de 225,000,000 m3, suponiendo que más o menos la cuarta parte de eso se infiltra, resultarían de ahí 56,250,000 m3 de agua subterránea.

El caudal medio del río Salí en el cajón del Cadillal es según investigaciones de Wauters, por año 370,000,000 m3. Si aceptamos la suma de 20% para filtraciones en el lecho del río y en los canales de riego y calculamos de ésta la mitad para la región situada al poniente del río, entonces resulta un caudal de agua de 37,000,000 m3. Agregado al agua subterránea, el que con las precipitaciones infiltradas suman la cantidad de 93,250,000 m3. La cantidad de agua que recibe el agua subterránea de esta parte del cono de deyección, por la condensación del aire encerrado en el suelo y por infiltración de manantiales superficiales o subterráneos, es completamente desconocida, pero ciertamente será muy considerable. En todo caso, este ensayo de cálculo ya puede dar una idea de que en aquella parte del cono de deyección de Tucumán se hallan almacenadas grandes cantidades de agua subterránea.

 

Tucumán, agosto de 1915

Richard STAPPENBECK

Informe del Ing. Carlos WAUTERS

 

Ir arriba

DESBOSQUE DE LA SIERRA DE SAN JAVIER

Al estudiar el porvenir de las aguas de la sierra en el concepto de su perennidad, “decía Cipolletti”, si es positivo que estos arroyos traen su origen de los rocíos de la floresta, es seguro también que esta provoca su abundancia e impide su pronta evaporación en mérito de la espesa sombra que defiende al terreno contra las irradiaciones solares. Por lo tanto, si desaparecieran los grandes árboles o se cultivase aquel terreno, tendríamos que por una parte el rocío sería más escaso, de la otra lo poco que quedara sería prontamente evaporado, desapareciendo a la vez los copiosos y cristalinos arroyos que forman al presente la hermosura y riqueza de la parte más interesante y bella de la provincia.

Estas manifestaciones hace después de aceptar, con algunas reservas muy fundadas, la existencia de un caudal entre las siete quebradas ocupadas por la red actual de cañerías de 165 litros por segundo o sea de una vez y media la dotación máxima de la ciudad, a pesar de la precaución que ha tomado de apreciar los caudales con un 30% menos, por tener en cuenta la disminución que se verifica hasta que llegan las primeras lluvias de verano.

Si ahora se considera que construidas las obras estamos en varios meses muy lejos, no de la triple dotación, sino de la simple dotación, no obstante haber ocupado las siete quebradas indicadas por dicho ingeniero en sus cálculos, resulta con mayor razón y urgencia, prudente ocuparse de la cuestión desbosque.

El estudio de la influencia del desbosque de la sierra de San Javier con respecto a la perennidad de las vertientes que proveen a la población de esta ciudad, ofrece sus dificultades porque el problema no sólo es complejo tratándose del desbosque en llanura, sino que lo es aún más cuando se lo estudia en sierras, que como la de San Javier, son las primeras de toda la parte montañosa de la provincia al oeste de la ciudad que encuentran los vientos del cuadrante sudeste. Esto es que para mayor claridad convendría estudiar la perennidad que nos ocupa, debida a la existencia, 1° de la sierra, como baluarte opuesto a la acción directa de los vientos y 2° de la vegetación; para luego deducir la importancia que cada uno de estos factores reviste con respecto al otro.

La sierra hace pues el efecto de una muralla que golpea una esponja llena de agua que al chocar en cualquier obstáculo que la interrumpe en su trayectoria, pierde su agua por un fenómeno puramente mecánico.

El estudio comparativo de los cuadros estadísticos de la provincia que se refieren a la lluvia caída y a la dirección de los vientos muestra la influencia directa de los del Sud, Este y Sudeste, es decir de aquellos que encuentran en la sierra de San Javier el primer obstáculo que impone a las corrientes atmosféricas su rápida ascensión a regiones más frías con su consiguiente desprendimiento de agua.

Es decir que la sierra en que están situadas las tomas de aguas corrientes que sirven a la población de la capital, producirán siempre e independientemente del desbosque, mayor altura de agua caída que en la llanura en que se encuentra esta ciudad; y por lo tanto no hay más razón para que disminuyan las lluvias en la sierra y por ende las aguas de las vertientes se agoten, que para que disminuya el agua caída en Tucumán.

En resumen, la sierra en sí asegura una cantidad de agua de lluvia, cuya importancia será posible determinar con estaciones pluviométricas completas que quedarán definitivamente instaladas antes de fin de año, conjuntamente con las demás de la provincia, establecidas con fines distintos, o sea como elemento primordial para el estudio del régimen de los ríos.

Pasando ahora al estudio de la influencia del desbosque en la perennidad de las aguas en las tomas de las aguas corrientes, tocamos uno de los asuntos que más se han discutido en la ciencia, a cuyo respecto se han pronunciado con opiniones extremas, distinguidos observadores.

Muchos tratadistas se han ocupado del asunto, pero todos ellos en una forma que no responde a nuestro propósito de un modo directo, ingenieros distinguidos han tratado el tema con acopio de datos, pero todos ellos buscando la influencia que puede tener el bosque para atenuar los desastrosos efectos de las grandes avenidas de los ríos o arroyos.

Indiscutible es ya la constante evolución del agua que se opera entre la tierra y la atmósfera que la rodea. Al caer sobre la superficie en forma cualquiera, lluvia, nieve, etc., una parte penetra por infiltración en el suelo, otra corre sobre el mismo dando origen a las vertientes y arroyos, respectivamente y la tercera se evapora enseguida, volviendo a la atmósfera.

Dentro de esa evolución, debe apreciarse la influencia del desbosque en:

1. Si retarda la influencia del agua caída y su escurrimiento rápido en el lecho o cauce de los arroyos, esto es, si ejerce o no alguna acción moderadora sobre la cantidad de agua que corre en un tiempo dado.

2. Si contribuye a aumentar o no la cantidad de materiales de arrastre, arrancados de las laderas o faldas en que se escurre, abandonándolas de los cauces más anchos.

3. Si esa misma rapidez de escurrimiento no contribuye a disminuir la cantidad de agua infiltrada en el subsuelo, fuente principal de las vertientes que luego alimentan y ríos en épocas de sequía. Muchos años ha, Dausse, sin dar muchas observaciones para fundar su opinión decía: “Atenuando la acción del sol en verano, sobre el suelo, impidiendo la evaporación y conservando la humedad del aire ambiente, los bosques aumentan necesariamente la cantidad de lluvia local. Debe reconocerse además, que estos bosques conservan estas lluvias en provecho de los ríos y los hacen más abundantes, menos variables y sus aguas son menos turbias”.

Los dos primeros aspectos de la cuestión poco nos interesa, pero sí el tercero, porque precisamente lo que necesitamos para el buen servicio de las aguas corrientes es favorecer la acción de la naturaleza, para almacenar agua de las lluvias abundantes de verano que luego alimente más regularmente los arroyos en la primavera o época de seca, o por lo menos no contrariar esta acción.

Conviene recordar que los arroyos de la sierra que proporcionan agua a esta población, corren sobre una capa de tierra permeable por sí como las arenas y ripios de distintos tamaños, o bien por la agrupación de detritus impermeables que dejan pasar el agua entre ellos. En una palabra, en casi todas partes no se halla la roca impermeable al descubierto, sino que por el contrario la reviste una capa permeable de muy distinta naturaleza y espesor, lo que a su vez hace posible la abundante vegetación que en ella se encuentra en todas partes y plantas pequeñas al pie de árboles seculares.

Por lo tanto, para asegurar durante mayor tiempo posible el caudal de agua de ese depósito, y poderlo usar en la época de seca es necesario e indispensable proceder de modo que la saturación del terreno permeable sea la mayor posible, y esto se consigue asegurando la vegetación baja o menuda a merced de la grande, que con sus profundas raíces alimenta la capa de agua más baja o profunda y más permanente también, y con su sombra contribuye a evitar las pérdidas que por evaporación pudieran disminuir notablemente la reserva, ya sea por acción directa de las irradiaciones solares sobre las napas superficiales, ya sea calentando al terreno húmedo. Y vemos como, independientemente de la influencia que tengan sobre la cantidad de agua caída la presencia de las sierras o de los bosques, lo que importa es aprovechar la que cae para que se infiltre en lo posible y aumente el depósito.

En la sierra, el desbosque se ha hecho antes o después de la instalación de las aguas corrientes y se continúa aún sin que la Administración tenga en sus manos los medios de evitarlo hasta hoy, fácil es darse cuenta que ese desbosque es un hecho subiendo a la cumbre, pues en los pasos inaccesibles se observa una vegetación mucho más compacta, grande y chica, que en los pasos en que han podido establecerse caminos para la extracción de madera, leña o carbón. Si pudieran restablecerse las plantaciones de árboles con valores iguales a los que representa el material extraído, poco importaría tolerarlo; pero es necesario convencerse que no es este un asunto de gasto, sino de esperar 20 a 50 años para restablecer un bosque en las condiciones exigidas y siempre porque es la vegetación grande la que protege la baja, que no hace más que de intermediaria y no produciría sola los efectos buscados.

Admitamos por lo demás que se deje continuar el desbosque lento y no se tomen medidas para evitarlo y que sea efectiva su influencia en el agotamiento de las vertientes, quedarían inutilizadas las obras de las aguas corrientes, en su mayor parte, puesto que no se cambiará con ellas el origen de la provisión. Es más prudente, de cualquier modo, evitar que ese momento se acerque tomando medidas desde ya.

Pero, para poner la forma que convenga adoptar, esto es, la expropiación o simplemente la creación de una servidumbre que impida el desbosque, el cultivo y el pastoreo, cercando el perímetro cuya conservación en el estado actual importa un beneficio público para esta ciudad, es necesario conocer la extensión de ese perímetro y zona que comprende.

Tucumán, abril 6 de 1903.

Carlos WAUTERS.

 

Ir arriba

DIQUE EL CADILLAL

 

En 1939 se licitó, por fin, el dique, de acuerdo a la Ley nacional 12002. Pero pocos años después, las obras iniciadas quedaron abandonadas.

Correspondería al gobernador Celestino Gelsi, en 1960, gestionar la Ley (que se sancionó con el número 2949) de acuerdo a la cual se contrató la construcción de El Cadillal, basada en los estudios realizados por la comisión especial de Agua y Energía elevados en 1958. Tras el concurso internacional de anteproyectos, la obra se adjudicó al Consorcio Richard Costain Ltd. Y English Electric Co., a cuyo favor de la Provincia suscribió pagarés por 11.249.687 libras esterlinas. El dique se construyó entre enero de 1962 y diciembre de 1965.

Referencias

Bibliografía

Ir arriba

Documento sin título



Ganadores del Sorteo


Ampliar foto





Sociedad Aguas del Tucumán| Monteagudo N° 129, San Miguel de Tucumán | T4000ICC | Tucumán | Argentina
Teléfono: +54 (381) 4501500   |   Fax: +54 (381) 4501511   |   E- mail: infosat@aguasdeltucuman.com.ar
Copyright © 2006 - SAT